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¿Hablamos de precios?

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El precio justo

Ya se que normalmente cuando hablamos de precios, comienza a recorrerte un sudor frío y las piernas comienzan a flojearte. Poner precio a aquello que hacemos es poner en valor nuestras creaciones y asusta, lo sé.

Y frente a esta realidad, ya sabes que hay que poner precio a lo que vendemos, no podemos regalarlo eternamente, podemos sentir dos sensaciones, la que más te guste. Puedes sentir auténtico pavor y dejarte arrastrar por el pánico y el mundo de los precios bajos o bien, puedes atreverte a sentir el vértigo que da la adrenalina, esa sensación que te invade cuando sabes que estás en el camino, cuando haces cosas que cambian el mundo.

Y es esa sensación la que a mi me gusta, la que quiero que tú sientas siempre, incluso cuando hablamos de precios.

No quiero que te marees con las estrategias que puedes utilizar, ni con las múltiples formulas que hay en el mercado para llegar a tu público, lo que sí quiero es que te sientas a gusto con el precio que decidas poner a lo que haces.

Y para ello, yo lo tengo claro, hay que llegar al precio justo, a ese que es un buen equilibrio entre tú y tu cliente, en el que todos ganan y nadie pierde, con el que consigues una ganancia justa y no tienes que venderte al diablo.

Y para llegar a ello hay que conseguir recorrer un camino interior en el que tu misma te pones en el camino, en el que reconoces el verdadero valor de tu producto o servicio y en el que reconoces el valor que aportas al mundo.

Y siempre, siempre, controlas los costes de tu empresa. Tendrás que reconocer que para tener una empresa sana, hay que controlar el tema de precio, ¿no te parece?

Y cuando hablamos de precios justos, hablamos de productos o servicios de calidad, de clientes satisfechos, de relaciones verdaderas y de mundos reales. Olvídate de ese movimiento que sé que existe, de poner precios aleatorios, sin razón, exhorbitantes, pero también aléjate de ese movimiento que regala el valor de tu producto o servicio.

Piénsate a ti misma, a tu empresa, en términos de rentabilidad, y si no es rentable lo que haces, estrújate el cerebro para conseguir mejores procesos, o buscar proveedores más adecuados, o simplemente apárcalo antes de que sea tarde.

Es cierto que no pasa nada porque no acertemos a la primera, ni tan siguiera a la segunda o la tercera, pero si quieres seguir haciendo lo mismo durante mucho tiempo, los números tienen que salir si o si.

Y para que tus números salgan, tienes que estar en posición de salida. Debes controlar que pasa de puertas a dentro, entre bambalinas, en tu empresa. Debes controlar tus costes y debes decidir que hacer con toda esa información.

Y para decidir que precio es el más justo, debes partir por saber con nombres y apellidos, es decir, al céntimo, cuales son los costes de tu empresa. ¿Los tienes localizados? ¿Todos?

¿Cómo los controlas? ¿Llevas algún registro? ¿Los revisas de forma habitual? A mi mantener los costes bajo control es lo que más me cuesta, exige un gran esfuerzo no sólo controlaros sino que no se escapen, es tan fácil dejarse llevar, que si un día no estoy atenta, ese día se dispara todo.

Lo siguiente que debes controlar es que precios maneja tu competencia, es importante saber que estás dentro de los precios del mercado, pero nunca utilices sus precios sin controlar tus propios costes, puedes llevarte una gran sorpresa si lo haces así, y los números no salir.

Y sigo hablando de números, ya se que no es lo más bonito, que es un rollo, que no te gustan y sin embargo, ¡son tan ciertos!. Siempre vas a poder fiarte de ellos, y te van a dar mucha más información de la que en un principio te podrías imaginar. Así que debes encontrar el lado amable de los números si piensas que no es lo tuyo.

Y, por supuesto, no puedes olvidar la parte más importante de todo esto, el valor de lo que aportas a los demás. Para mi esta es la parte más importante de todas, se centra en ti, sólo en ti, y es tan importante que debería pasar a un primer plano. Hablamos antes de las cosas terrenales porque creo que es mucho más sencillo de manejar, son cosas externas que no dependen de nosotras, es decir, los números son muy agradecidos para esto, ahí están, sólo tienes que utilizarlos.

Pero cuando hablamos de nosotros, de lo que aportamos al mundo, de nuestra autoestima, de nuestra mentalidad, de nuestros miedos, la cosa se complica. Ya se que es un camino, que normalmente se transforma en un mundo de crecimiento, aunque en ocasiones puede tumbarte. Y ponerte en valor frente al mundo es un acto de confianza brutal.

A mi, esta parte siempre me recuerda a mis comienzos, a cuando no sabía que precio ponerle a mis servicios, cuando todo me parecía una barbaridad, y cuando tuve que luchar con mis demonios, y esa parte es la que me conecta directamente con mi padre, con su seguridad, con sus enseñanzas, con su sentido de la justicia y con sus precios.

Recuerdo que me hacía hacer un ejercicio, tenia que comparar a la competencia, averiguar sus precios, y compararlos con los míos y me obligaba a fijarme en cómo actuaba yo como cliente. Cuando contrataba algo, cuando compraba unos pantalones, en qué cosas me fijaba, te aseguro que el precio no solía ser lo más importante.

Y así vamos aprendiendo, y en este camino mi conclusión más importante siempre es la misma, cuando hablamos de precios justos, siempre acertamos. Cuando ponemos todo nuestro valor en aquello que hacemos, el precio pasa a un segundo plano, y todo encaja perfectamente.

¿Te unes a poner tu valor?

Raquel