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¿Cuánto vale mi trabajo? Aprende a poner valor a lo que haces

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Pierde el miedo a poner precio a tu trabajo

El precio, estoy segura de que en algún momento de tu vida empresarial solo con escuchar la palabra “precio” has sentido escalofríos y han comenzado a recorrerte sudores fríos por la espalda. No debes preocuparte, esa sensación forma parte de tu formación cómo empresario, y hoy voy a ayudarte a acabar con la pesadilla.

Pero antes que nada, vamos a partir de unas premisas básicas:

1.- Tienes un negocio, no una ONG o un hobby.

2.- Vives de tu trabajo o aspiras a hacerlo.

3.- Tu servicio o producto es de calidad.

4.- La relación entre precio y producto o servicio es equilibrada.

5.- No vas a boicoterarte antes de tiempo.

 

Una vez que estas premisas están claras, ya podemos sentarnos a calcular el precio de nuestros productos y servicios. Pero antes debemos tener claras dos cosas:

La primera es la esencia, que conozcas los costes que asumes para producir tus productos o prestar tus servicios, en ellos no solo estarán incluidos los gastos directos, sino que deben incluir los indirectos, aquéllos que no tienen tanto que ver con el producto o servicio en concreto, sino que son generales, pero sin ellos nao podría hacer nada.

Entre los primeros estarían las materias con las que preparas tus productos, imagínate que es un bolso, y entre los segundos estaría, por ejemplo el teléfono.

Y para llegar aquí, antes debes haber contabilizado TODOS los gastos, tienes que haberlos reunido todos en el mismo sitio, haberlos contabilizado en  el sitio correspondiente y debes ser consciente de cuanto suman todos. Por eso el orden, el método y la constancia son grandes amigos del empresario.

En alguna ocasión ya te he presentado mi calculador de precios, y hoy te lo regalo también, te ayudará a tener en cuenta todos esos gastos que se nos olvidan, tal vez porque son muy pequeños, cómo puede pasar con el hilo que utilizas en tus bolsos o en el celo con el que empaquetas tus creaciones. Si te acostumbras a contabilizar los gastos poco a poco, te resultará mucho más útil y no será tan pesado.

Y la segunda cosa que quiero que tengas claro es muy simple, cobrar por tu trabajo no es robar, no es cara dura, no es una insensatez y casi siempre, es muy recomendable, Cuando era pequeña, las mamás de mis amigas tenían un dicho que a mi me hacía mucha gracia y que hoy le encuentro todo el sentido del mundo, “vergüenza debe tener el que roba, pero tú no”. ¿Te suena?

Antes de comenzar con los precios, debemos sacudir de nuestra mente la vergüenza, la inseguridad, el miedo, y todas las leyendas urbanas que seamos capaces de imaginar. Tú eres un profesional en lo tuyo, así que no hay ningún genero de duda que debes cobrar por tu trabajo.

Muchas veces es más difícil cuando pensamos en servicios, ya que al menos si vendes “cosas” estás entregando un tangible a tu cliente, y nos despistamos totalmente cuando prestamos servicios, pero seamos sensatos. ¿A ti se te ocurriría ir al súper sin dinero? ¿O a la peluquería?

Pues teniendo ya claro que hay que poner precio, vamos a hacer un ejercicio de honestidad y vamos a intentar no tirarnos por el suelo con precios súper bajos. Recuerda que jamás podemos competir con precio con el mundo exterior, lo hemos repetido hasta la saciedad, que no somos grandes empresas que manejan volúmenes ingentes de productos, y que nos distinguimos por esas otras cosas, nuestro precio debe ser justo.

Lo has oído bien, he dicho justo no bajo. Así que revisa tus precios, revisa tus gastos, revisa tus costes directos y toma conclusiones. Y después de hacer todo eso, levántate y estírate y repite conmigo que tu precio debe ser justo, no solo para tu cliente, sino también para ti.

Pierde el miedo, sientete cómodo con el mismo, repítelo una y otra vez. Cuando sabes que tu precio es justo, que no quieres engañar a nadie y que tu trabajo lo vale, es mucho más fácil sentirte a gusto con él.

Aleja de tu vocabulario las excusas, da igual que seas pequeño, que acabes de empezar, que tengas poca experiencia, o que no vendas demasiado. Se justo sobre todo contigo.

Al final poner precios justos a tu trabajo es un acto de amor hacia ti mismo, y es una declaración de principios que jamás debes olvidar. Una vez lo hayas hecho, ya veremos que hacemos con los casos particulares, como facilitamos el pago, por ejemplo, con mensualidades, o descuentos puntuales. Pero estas opciones siempre se toman después de haber hecho el ejercicio completo.

No te vayas sin contarnos cual es tu proceso, cómo llegas  al precio final de tu producto o servicio; cuéntanos el periplo por el que has pasado hasta conseguirlo. Comparte tus victorias con nosotros, tus dudas, que pensamientos te invaden, en fin, cuéntanos tu experiencia, ya sabes que compartir es el comienzo de la grandeza.