Un niño con mucho valor

Hoy nos acompaña Yolanda Lorenzo, de Simplemente hazlo, el torbellino que conseguirá que te organices y adaptes la realidad de tu tiempo a lo que tengas que hacer. Yolanda logrará que puedas llegar a todo aplicando herramientas simples, utilizando los quince minutos que tienes para ti y que lo hagas casi sin darte cuenta.
 
Estate atenta, porque tiene mucho que enseñarnos y le pasa lo mismo que a su protagonista, su cabeza no para y a veces no puede dormir, de tantas ideas que tiene.
 


Dicen que la Navidad es el mejor momento para volver a vivir los cuentos navideños de la infancia, recuperar ese lado infantil que nunca debemos perder y volver hacer brillar esa chispita que todo niño tiene y que tan especial nos hace a cada uno.
 
Para mí, hoy cobra vida un cuento con el que crecí, interioricé y me ayudó a convertirme en la mujer que hoy soy.
 
Hace algo más de 35 años, conocí a un pequeño duende que me contó una historia fascinante. Su cuento trataba sobre un niño, de nombre Ces, que soñaba en lograr muchas cosas en su vida. Su situación nunca fue fácil, era el cuarto de cuatros hermanos, huérfano de padre y desde muy pequeños tuvieron que trabajar junto a su joven madre para poder comer cada día.
 
Ces, era inteligente, curioso, inconformista, soñador y un cabezota de primera. Pero a pesar de no poder tener la infancia de juegos y diversión que todo niño debe vivir, él nunca se dio por vencido.
 
Hasta aquí nada especial, te dirás. Pero este cuento guarda un gran secreto envuelto en papel de regalo hecho con capacidad de superación, lucha y tenacidad.
 
Como te contaba, Ces era un niño muy curioso, le gustaba ir a la escuela, saber cada día un poquito más, pero su situación no le permitía avanzar por ese camino. A pesar de los obstáculos, de todas las tareas de mayores que durante su niñez tuvo que realizar, él quería estudiar.
 
Así que, en secreto, su maestro le marcaba cada día la lección que habían aprendido en la escuela y él en solitario, con mucho empeño y tenacidad aprendía la lección. De este modo creció en su infancia, un gran autodidacta que el graduado consiguió superar con sus grandes hazañas.
 
¿Todo un logro, verdad? Pues aún hay más. Ces se graduó, trabajó muchos años como comerciante deambulando de un pueblo a otro, transformaba cada experiencia que la vida le ofrecía en un gran enseñanza personal. Continuó soñando, esperanzado y casi con una gran certeza interna, de que algún día llegaría hacer realidad cada uno de sus sueños e ideas.
 
Y así fue, con esfuerzo y cabezonería, ahorraba céntimo a céntimo, todo lo que podía.
 
Hizo realidad cada una de esas grandes ideas. Fue un luchador innato, cuando un proyecto cobraba vida, ya estaba pensando en el siguiente. Noches sin dormir por ideas a mil, momentos buenos y malos casi en el mismo porcentaje, pero nunca dejó de luchar y de transmitir a todo aquel que formaba parte de su vida, que todo es posible, que no hay nada que no puedas alcanzar.
 
Solo tienes que poner la primera piedra, enfrentarte al miedo del fracaso día a día, levantarte si te caes porque de ello obtendrás un aprendizaje entre líneas y seguir hacia delante. Pero el mayor de los secretos de su gran historia ha sido el ingrediente de la paciencia.
 
Hay una frase, con la que crecí y que se despierta en mi mente cada vez que me desespero porque un proyecto no lleva el ritmo que deseo “cada cosa tiene su momento, tiempo al tiempo”.
 
Con ese mismo espíritu, creció mi chispita infantil. Inconformista, luchadora y cabezota, tal y como mi duende me enseñó. Sabedora, porque así lo ví y viví qué todo es posible, solo tienes que trabajar en lo que crees, en lo que te hace realmente feliz y forjar una paciencia a pruebas de bombas.
 
Convenciéndote a ti misma, de que el trabajo que haces cada día, si eres feliz haciéndolo, te recompensará, nada más y nada menos con un sueño hecho realidad.
 
Yolanda Lorenzo

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