De restas y multiplicaciones

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Restar nos hace multiplicar

 
Ya se que puede parecer un poco raro, pero esta semana, mientras continuamos elaborando nuestro inventario hablamos de restas y multiplicaciones, operaciones matemáticas sencillas, también nos estamos fijando en aquellas cosas que nos restan, que hace que no avancemos o que simplemente no veamos con ojos “nuevos” el futuro.
 
Esta resta incluye muchas otras, ya sabes, todas las limitaciones que nos ponemos a nosotros mismos, porque o no sabemos, o nos da vergüenza, o desde siempre nos han dicho que no valíamos, o simplemente es una mamá que prefiere que nos dediquemos a una actividad de las seguras, de las económicamente estables, las de toda la vida.
 
Ya sabes que mi mamá siempre apoya mis proyectos, sea del tipo que sea, pero quien dice una mamá puede decir cualquier otra persona, aquí caben amigos, parejas, padres, hijos, extraterrestres y demás especímenes, incluso nosotros mismos.
 
Si te fijas, a veces los proyectos no avanzan porque no les dejamos, por eso es tan importante evaluar la situación para poder tomar medidas después. Igual que necesitamos todos aquellos elementos que nos ayudan a avanzar y nos hacen la vida más fácil, también debemos identificar aquellos elementos, situaciones, sensaciones, creencias, y demás que hacen que nos quedemos parados.
 
Yo a veces me sorprendo imaginando un punto de vista distinto al que suelo aplicar en mi día a día, y realmente me sorprendo, porque no había caído que las cosas pueden ser de otra manera distinta de cómo yo creo que son. Y me sorprende, es cómo visualizar cómo quedará el sofá en el salón y darme  cuenta de que realmente hay distintas formas de distribuir el espacio, y eso siempre me h aparecido magia,
 
Y esa nueva visión me hace replantearme las cosas, porque desde luego, yo de mi inventario restaría algunas cosas, cómo por ejemplo, mi certeza absoluta, esa que debo recordarme todos los días que no existe, también restaría la excesiva confianza que tengo en mi gestión del tiempo, ya que a veces son demasiado optimista, igual me vendría eliminar alguna persona del equipo que solo hace que tirar hacia abajo, y quisiera eliminar mi vergüenza a hablar inglés, esas pequeñas cosas que están ahí y tiran.
 
A veces restaría mi tendencia natural a aceptar cómo mi responsabilidad cualquier cosa que ocurra a mi alrededor y sin embargo no lo es, o mi tendencia natural a solucionar cuanto problema se cruce por mi camino, o a asumir más carga de trabajo de la que debería.
 
También descartaría mi obsesión por no dejarme llevar por las emociones, por las malas, claro esta, que me hacen no decir las cosas cuando tengo que decirlas, y cuando las digo a veces llega a ser tarde.
 
A veces incluso me vendría muy bien ser menos tolerante con el mundo que me rodea. Imagino que te darás cuenta de cuantas cosas puedo restar de mi maleta.
 
Y estoy convencida que lograr eliminar esas cargas de mi vida profesional, me hará ser más libre, y eso si que es fundamental en mi trabajo, aunque esa libertad me haga tomar decisiones demasiado caras.
 
Para mi, la libertad es una premisa indiscutible en mi trabajo, libertad para decidir con quién trabajo. Libertad para decidir cómo trabajo. Libertad para decidir el precio de mi trabajo. Libertad para decidir el horario de mi trabajo, y muy pronto, libertad para decidir donde trabajo (ya sabes, no tener un espacio físico que me limite).
 
Y todas esas libertades hacen que mi proyecto sea mucho más yo, que me sienta cómoda en él, me hacen aguantar los problemas cuando llegan o las épocas de jornadas maratonianas.
 
Por eso creo que es tan importante ser consciente de que cosas, personas o actitudes nos limitan, hacen que nuestro proyecto no vaya por el camino marcado, que no avance y que nos quedemos estancadas.
 
Otras veces puede ser nuestra propia actitud, por eso tal vez debamos deshacernos del miedo, ese miedo que se queda en el centro de la barriga y que hace que tomes decisiones equivocadas.
 
Yo peco muchas veces de inconsciente, la verdad es que una de las cosas que más odio en esta vida es sentir miedo, y por eso pocas veces lo siento, con mi proyecto nunca. No dejo que mi mente funcione en modo miedo, está lejos de mi mente, y no le dedico ni un minuto libre, por si las moscas.
 
Cuando era pequeña me preocupaba no saber cómo sería el futuro, donde llegaría, que pasaría, si todo estaría bien, si seria infeliz, o cualquier cosa. Y pasaron muchos años en los que sentía cómo una necesidad el tenerlo todo controlado, me daba la sensación de que así las cosas funcionaran mejor.
 
Luego me dí cuenta de que no servía para nada, la vida es libre y te sorprende siempre, así que parece que pensé que ya había llegado a mi futuro, que no tenia sentido el preocuparse por aquello que no dependía de mi y simplemente lo dejé pasar.
 
Y ese no pensar en ello me dio la libertad necesaria para preocuparme por el presente, para vivir en el hoy, en aquello que realmente si dependía de mi, y ese restar lo que hizo fue multiplicar por mil, comencé un camino que no tienen por que tener fin.
 
Lo importante siempre es poder reaccionar a tiempo, ser capaz de reconocer la situación cómo realmente es, sin tintes de colores que nos distraigan.
 
Así que esta semana te invito a pensar en aquello que vamos a descartar, aquello que no queremos junto a nosotros, e igual que hicimos una lista la semana pasada, vamos a ver si somos capaces de reconocer esas situaciones, creencias y limitaciones, vamos a ponerles nombre y dejarlas muy lejos de nosotros.
 
¿Te animas?