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Mi motivo existencial, la pieza clave de mi negocio

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Motivo existencial

Lo que me lleva a ejercer mi profesión

Todos necesitamos un motivo existencial para hacer las cosas, para vivir de la manera en que lo hacemos y para encontrar un propósito. Ese motivo existencial es el que nos mueve, el que nos lleva y nos ayuda a vivir la vida a nuestra manera. Y de igual manera que necesitas un motivo existencial para vivir, necesitas un motivo existencial para trabajar. ¿Te imaginas no creer en tu proyecto? ¿No disfrutar con tu trabajo? ¿Hacer las cosas por inercia? ¿No conectar contigo misma? O simplemente imagina no llegar a conectar con tu gente, ¿te lo imaginas?

Por eso es importante saber qué es lo que nos lleva a hacer las cosas, ya sabes que en general cuanto más sabes de nuestros propios motivos, más podemos controlarlos, comprenderlos y llevarlos a la práctica.

Es una realidad que el mundo emprendedor está de moda, que es el nuevo camino profesional y que muchas veces genera un montón de sinsabores. Por eso hoy vengo a reflexionar contigo sobre los motivos que nos mueven a caminar, pero no cualquier motivo si no tú motivo existencial, el verdadero, el que tiene todo el sentido para ti.

Saber porqué iniciaste este camino puede ser de mucha ayuda a la hora de organizar tu vida y tu empresa. Saber las verdaderas razones que te han llevado a ejercer tu profesión es algo que vas a poder imprimir en todos tus actos.

Si miro en mi memoria, no puedo recordar ni un solo momento en el que no quisiera ser abogado, es cierto que quiere ser muchas otras cosas, no en vano soy multiapasionada, multiinteresada y multipersona. pero jamás quise dejar de ser abogado.

Mis motivos infantiles tenían mucho que ver con mi tolerancia cero ante la injusticia, por la lucha de las causas perdidas y por mi concepción justa de la vida, desde siempre tuve vocación de ayuda, vocación para resolver problemas ajenos.

No puedo recordar n una sola de las injusticias a las que me enfrenté cuando era pequeña, sin salir en defensa del débil, u ofreciendo diversas alternativas a los demás. Hoy me veo reflejada en Carlota, quién tiene esa misma vocación de ayuda, aunque no quiera ser abogado.

Mi papá siempre quiso que fuera artista, que me dedicara a mis colores, a mis cosas, creía que sería mucho más feliz, y sin embargo yo me emperré en ser abogado, al igual que mi papá, muchos de mis amigos me preguntaron en aquella época si estaba segura de mi elección, si era buena idea estudiar derecho, sino prefería estudiar bellas artes.

Y yo, erre que erre estudié derecho, nunca quise ser otra cosa, nunca quise ejercer otra profesión, ayudar a los demás se resolvió como mi live motive, mi motivo para caminar, mi razón de vivir, mi propósito.

Así que poco hizo falta para que me adentrara en este mundo, pensando que provengo de una familia emprendedora, que corre por nuestras venas la libertad de decisión y de acción y que recibí una educación que no permitía la opción de no ser libre, el camino vino rodado.

Recuerdo que cuando terminamos la carrera muchos de mis amigos comenzaron con la pasantía, el sufrimiento, la falta de aprendizaje, el cargar con lo que nadie quería, era la orden del día. Y yo, como siempre, tome otro camino. Mi planteamiento fue claro y directo, no quería ser tratada así por nadie, prefería sufrir en solitario y directamente busqué una mesa y un hueco en el despacho de mi madre y allí me instalé.

Recuerdo la sensación de los comienzos, de la sensación de no saber nada, de estudiar cómo una loca, de enfrentarme todos los días a cosas nuevas, recuerdo mi primer cliente, Pepita fue mi primera clienta y por ello siempre fue única, la que no venía de mis padres y conseguí por mi misma, y jamás dejo de ser mi primer cliente. La recuerdo con un cariño especial, incluso ahora que ya no está con nosotros desde hace mucho tiempo.

Y pese al miedo, los nervios, la sensación de vacío, jamás me arrepentí de haber tomado esa decisión. Jamás deje de ver mi camino y de sentir mi pasión.

He de confesar que hace unos años, cuando la crisis económica explotó ante nosotros, esos años tan difíciles, esa época en la que todo cambió, un día me escuché diciendo que “no quiero ser abogado” y fue tan fuerte el impacto que causó en mi que significó un antes y un después en mi vida. Fue en ese momento, cuando fui consciente de esa decisión, cuando todo comenzó a cambiar.

Esa temporada fue la antesala de lo que hoy es Blanco Legal, de cómo nos organizamos, de cómo ha cambiado la vida y mi manera de hacer las cosas. Durante este tiempo he sufrido una transformación, he cambiado en muchas cosas, pero he vuelto a retomar mi pasión, mi motivo para ser quién soy, he vuelto a disfrutar ayudando a los demás.

Y saberme en paz conmigo misma. en mi camino, me ayuda a hacer mejor mi trabajo, a saber qué es lo que quiero para el futuro, a saberme coherente y a disfrutar con mi camino, y eso hace que mi implicación con mi proyecto, conmigo misma y contigo sea total, sin medias tintas y sin ningún atajo posible.

Y tú, ¿tienes un motivo?