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Cómo medir la inversión de un emprendedor. Resultados y objetivos

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resultados y objetivos


Objetivos y resultados deben estar relacionados.

El primer paso, recopilar la información.

No me canso de repetirlo, lo sé, a veces puedo ser muy pesada, pero es que para poder sacar conclusiones de cualquier cosa que hagamos, no sólo en nuestro negocio, hace falta observar, anotar y evaluar, sin medir los datos que tenemos a nuestro alcance jamás podremos tomar buenas decisiones.

Algunas veces podremos tener suerte, es verdad, hay cosas que irán bien aunque no hagamos nada al respecto, pero muchas otras irán mal o simplemente te dejarás llevar y no caminarás por donde tú quieres.

Yo te cuento todo eso sabiendo que odio los números, solo pensar en ellos me pongo nerviosa y casi, casi, me sale urticaria. Mi secreto para poder enfrentarme a ello es simple, una de mis máximas, lo delegué en alguien que disfruta con ello, que se pasa las horas con las hojas de cálculo y que e presenta los bonitos informes para que yo pueda evaluarlos.

Habrás adivinado que lo que a mi me gusta es la parte creativa de tener un negocio, la parte excitante, la divertida y la que te reta con todas sus propuestas, pero jamás podré tomar algunas decisiones si no conozco los propios números de mu empresa.

La difícil tarea de interpretar nuestra información

Muchas veces imaginamos que es un trabajo ingente, pero normalmente para nuestras empresitas, en las que tenemos equipos pequeños, suele bastar con una buena organización y prestar atención a la información que ya tenemos recogida.

De los propios datos que ya tenemos que organizar, aunque solo sea para cumplir con nuestras obligaciones fiscales, ya podemos sacar datos.
¿Imaginas no saber cuál es tu producto estrella? Podrías estar terriblemente equivocado pensando que es uno, cuando en realidad es otro, suele pasar muchas veces.

¿Imaginas el poder que alcanzarás sabiendo cuál es tu producto o servicio más rentable? Una vez lo descubras, podrás tomar decisiones al respecto, podrás organizar las campañas necesarias para promocionarlo o simplemente ofrecerlo a todo aquél que quiera escucharte.

Es muy común confundir aquéllas cosas que realmente nos son rentables, por aquéllas que más nos piden mis clientes.

Explicando este concepto de producto estrella, tal y cómo a mi me gusta, aquél producto que brilla con el mínimo esfuerzo posible, he acompañado a muchos clientes a cambiar su percepción.

Recuerdo una vez a Elena, una clienta muy querida, que ejerce de tarorista y que siempre consideró las tiradas de cartas cómo su producto estrella, porque era lo que más le pedían, hasta que descubrió que con cada sesión pasaba dos horas de su tiempo acompañando a su clienta, por lo que sacó diversas conclusiones:

1.- Al requerir su presencia física, es un servicio que le ofrecía un techo en su crecimiento demasiado rápido. Una media de dos horas por sesión, en una jornada labora de ocho horas, ¿haces la cuenta?
2.- El cálculo del precio del servicio estába mal realizado, porque si contaba las horas que podía prestar el servicio al mes, con lo que cobraba no iba a ninguna parte.
3.- Cómo la obligue a ver los números con cara de sabueso, comprendió que había otras formas posibles de ganar más dinero con menos tiempo o menos esfuerzo físico.
4.- Pudo tomar decisiones muy certeras, ya que descubrió que los talleres que le solicitaban, en los que podía cobrar mucho más que con el servicio de lectura de cartas, avanzaba más.
5.- Organizó un calendario con los talleres, y rápidamente se fue llenando la agenda.
6.- Rentabilizó el precio de la hora por su servicio.

7.- Aumentó los ingresos de su actividad cómo jamás había soñado y comenzó a llegar a todo.
Y pudo establecer unos objetivos claros, lo que en derecho llamamos líquidos y exigibles, es decir, pudo poner nombre y apellidos a su sueño y expresarlo en cifras, pero no cualquier cifra, sino una sensata, al alcance de sus posibilidades.

Y llega la hora de la verdad, los resultados.

Y es que si no unimos los objetivos con los resultados nunca podremos avanzar. Hay muchas maneras de fijar los objetivos, no te creas que sólo tenemos que hablar de cifras económicas, podrías ponerlas en relación con número de lectores, suscriptores, colaboraciones o número de clientes, lo importante de todo esto es que establezcas unos objetivos claros, aunque te de miedo, pereza o te provoque urticaria, en cualquier caso, establece esos objetivos.

Y cuando llegue el momento, haz recuento, y establece los resultados reales que has obtenido. Y de ese recuento habrá que sacar las conclusiones de todo lo hecho, y la más importante será poder medir la inversión realizada, tanto en tiempos como en dinero, con los resultados obtenidos.

No puedes dejar el ejercicio sin tener en claro si todo lo invertido ha valido la pena, o simplemente hay que abandonar. No caigas en la tentación de tomártelo todo al blanco o negro, porque hay un montón de grises a tener en cuenta.

Y ahora, un mundo de posibilidades se extiende frente a ti, aprovéchalo.

Valora todas las variables y dibuja un diagrama en el que puedas observar a golpe de vista el resultado total. Muchas veces, al estar tan cerca de nosotros mismos, perdemos perspectiva y no podemos ver el conjunto. Y aquí se encuentra la parte más importante de todas.

Recuerda, tu negocio es un todo y como todo hay que verlo desde arriba, hay que poner en relación todas las partes y saber sacar conclusiones.

Habrá conclusiones que tal vez deban madurar en nuestra mente, y otras nos lanzarán directamente a crear nuevas estrategias, nuevos planes o nuevos proyectos.

Lo más importante, es no desanimarse, cuando veas tus números, tus datos, tu información, recuerda que tienes que ser honrado contigo mismo, hay que llamar a cada cosa por su nombre, pero con cariño, sin dureza y siempre con la perspectiva de evolucionar, mejorar y crecer.

Y como en todo en esta vida, cada cuál tiene un pasito, así que disfruta del camino, y cuéntanos tus conclusiones, cuéntanos cómo ha sido este año, tu camino, tu historia.